María T. despertó sobresaltada esa madrugada con el ruido de una puerta que se abría. Aterrorizada descubrió que no podía moverse, todos sus músculos estaban paralizados; tampoco podía gritar, ningún sonido salía de su garganta.
Y con todas sus fuerzas deseaba correr y gritar, para alejar aquello que, amenazador, la observaba desde el costado izquierdo de su cama, demasiado cerca y demasiado consistente. Real.
Y con todas sus fuerzas deseaba correr y gritar, para alejar aquello que, amenazador, la observaba desde el costado izquierdo de su cama, demasiado cerca y demasiado consistente. Real.


