Todo comenzó en Oslo en 1928. El profesor Carl Störmer, especialista en ondas electromagnéticas, y el técnico holandés Van der Pol iniciaron una serie de experimentos: enviaron al espacio señales de radio de diferente longitud de onda cada 30 segundos.
Tres semanas más tarde, su receptor captaba las mismas señales pero, para su sorpresa, con intervalos de tiempo diferentes de entre 3 y 15 segundos. Ninguna de las teorías (influencia lunar, reflexiones en las nubes, radiaciones cósmicas) que trataron de explicar el fenómeno se mostraba consistente.

