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viernes, 12 de febrero de 2010

¿Que es la resonancia de Schumann?

En la década de los años 50, el profesor alemán Dr. O. W. Schumann de la Universidad Tecnológica de Munich, descubrió el efecto de resonancia del sistema entre tierra-aire-ionosfera, hoy llamado generalmente ONDAS SCHUMANN, en honor a su descubridor. En Física se les denomina "Ondas transversal-magnéticas".

La Resonancia Schumann es un conjunto de picos en la banda de frecuencia extra baja (ELF) del espectro electromagnético presente en la Tierra. Se producen porque el espacio entre la superficie terrestre y la ionosfera actúa como un gran emisor direccional o una guía de ondas.
La forma y dimensiones terrestres provocan que este emisor direccional o guía de ondas actúe como una cavidad resonante para las ondas electromagnéticas en la banda ELF. Esta cavidad o emisor es excitada en forma natural por los relámpagos, generando varias frecuencias de entre 6 y 50 ciclos por segundo; específicamente 7’8, 14, 20, 26, 33, 39 y 45 Hz, con una variación diaria alrededor de +/- 0.5 Hz. Lógicamente también influyen las redes de transmisión eléctrica humanas que utilizan una corriente alterna de 50 Hz muy próxima a una de esas frecuencias, dado que su séptimo sobre-tono se ubica aproximadamente en 45 Hz. La frecuencia más baja, y al mismo tiempo la de intensidad más alta en la resonancia de Schumann se sitúa aproximadamente en 7,83 Hz.

La forma física de esta gran emisora o guía de ondas que es la ionosfera terrestre repercute directamente en las ondas que en ella resuenan, así un aumento de ionización de esta capa de la atmósfera deberá lógicamente generar un cambio de la resonancia Schumann.

Estos cambios en la ionosfera no solo son propiciados por las tormentas solares también pueden ser propiciados por otros agentes terrestres naturales o agentes artificiales generados por los humanos.

Estas ondas Schumann vibran en la misma frecuencia que las ondas cerebrales de los seres humanos y de todos los mamíferos en general, en 7,8 Hz (ciclos por segundo). Durante millones de años esta frecuencia ha sido más o menos la constante sobre la cual todos los organismos vivos del planeta han desarrollado su biología interna. Hay muchas personas que sufren gravemente las consecuencias de las interferencias ocasionadas en esas frecuencias de las ondas Schumann. Muchos problemas cardiacos son debidos a este hecho. La moderna terapia biomagnéticas, con ayuda de aparatos generadores de ondas Schumann y de ondas geomagnéticas aporta hoy en día una valiosa ayuda para superar estos problemas.

Es importante, como principio de precaución, no adulterar esta frecuencia sobre la cual se ha desarrollado nuestra evolución como especie, nuestro ADN, nuestra biología celular, nuestra glándula pineal del hipotálamo, etc.

El profesor Schumann trabajaba en los años 50, con sus estudiantes universitarios, en cálculos de potenciales en sistemas esfero-simétricos. Un día, les planteó el deber de calcular el potencial de dos cáscaras semiesféricas que tienen una determinada distancia entre si y que son ambas eléctricamente conductoras. Entonces, como si fuera una ocurrencia del momento, dijo: "Tenemos también la tierra y la ionosfera. Tomen como ejemplo el diámetro de la tierra y el diámetro de la capa inferior de la ionosfera, la capa Heaviside y calculen qué frecuencia propia resulta ahí".

El, naturalmente, tenía que calcularlo también, para ver si lo que sacaban los estudiantes era correcto y entonces obtuvo como resultado aproximadamente 10 ciclos por segundo.

Publicó este resultado en una revista de Física Técnica y casualmente un médico que se interesaba por la Física y era suscriptor de la revista, el Dr. Ankermüller lo leyó y le llamó poderosamente la atención este resultado, ya que 10 Hertz es el ritmo Alfa del cerebro humano, es decir una frecuencia muy característica.

Se puso enseguida en comunicación telefónica con el Dr. Schumann y le dijo: "es interesantísima lo que Ud. midió, de que la Tierra tiene la misma resonancia propia como el cerebro humano. Habría que controlar si esto es realmente así". "Bueno", le contestó el Dr. Schumann, "si esto es interesante para la medicina, voy a poner a un estudiante que justamente tiene que hacer su tesis de doctorado, para que lo verifique con mayor precisión, pues los 10 Hz calculados eran un valor muy aproximado". El doctorando se llamaba Herbert König, quien fuera más tarde yerno del célebre Dr. Ernest Hartmann y que posteriormente fue sucesor de este.

El Dr. König, a través de muchas mediciones, pudo determinar luego que el valor exacto no era 10, sino 7,8 Hz y esto hizo que el asunto sea todavía mas interesante, pues 7,8 Hz es la frecuencia del hipotálamo y es la única frecuencia que en todos los mamíferos, incluyendo el hombre, es tan exactamente común.

Mientras el ritmo Alfa varia de una persona a otra y el mismo es de aproximadamente 9, 10, 11 Hz, la frecuencia de 7,8 Hz es como ya se dijo arriba, exactamente común a todos, es una constante normal biológica, que funciona como un marcapaso para nuestro organismo y sin esa frecuencia la vida humana no es posible.


Esto se comprobó más dramáticamente con los primeros astronautas, tanto los rusos como los americanos, pues éstos volvían de su misión espacial con muy serios problemas de salud. Al estar volando fuera de la ionosfera les faltaba la pulsación de esa frecuencia vital de 7,8 Hz.

Más tarde, este problema fue subsanado por generadores de ondas Schumann artificiales. Los científicos de la NASA hicieron en ese tiempo muchos estudios interesantes al respecto. Uno de ellos, el Prof. Wever hizo construir un bunker subterráneo totalmente aislado magnéticamente. Durante varias semanas hizo allí experimentos con estudiantes voluntarios que quedaban encerrados allí. A los pocos días se producían en los mismos serios problemas de salud: dolor de cabeza, migrañas, desvaríos, etc. Y sobre todo los ritmos cardiacos se desarticulaban totalmente. Pero si luego se hacían ingresar a ese búnker pulsaciones de 7,8 Hz, por un breve tiempo, entonces las condiciones de salud de los voluntarios se volvían a estabilizar nuevamente durante varios días.

Aunque la Ciencia Física oficial casi lo ha ignorado, las grandes potencias mundiales han estado experimentando con estas ondas, muy reservadamente, en grandes proyectos súper secretos. Constituyen una de las armas militares más sofisticadas del futuro, ya que por medio de la modulación de estas ondas procuran interferir drásticamente en la mente del supuesto enemigo, causándole los estragos más inimaginables, que eventualmente podrían causar consecuencias imprevisibles.









Fuente: http://www.probicosl.com/index.php?Itemid=76&id=22&option=com_content&task=view

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