Los Pterodáctilos vivientes ~ Misterios en la Web

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martes, 19 de julio de 2011

Los Pterodáctilos vivientes

La alargada sombra de los grandes reptiles voladores de la era de los dinosaurios planea de nuevo, después de que una reciente expedición a una remota isla próxima a Nueva Guinea haya encontrado nuevos indicios de la existencia actual de pterodáctilos.

Unas criaturas del pasado que podrían sobrevivir en apartadas regiones, mundos perdidos donde el paso del tiempo parece haberse detenido.




El joven se encontraba tranquilamente sentado a la sombra de un gran árbol mientras grababa unas figuras de animales en un trozo de madera. Vigilaba las ovejas de su padre, dueño de una granja en Keetmanshoop, Namibia, porque hacía días que los pastores nativos se negaban a llevar a pastar al ganado aduciendo una serie de increíbles historias sobre una extraña serpiente voladora que se podía ver en la zona. ¡Cuentos de gente sencilla y supersticiosa!, pensó el joven, lo mismo que el resto de los colonos blancos.

Pero lo increíble tomó forma cuando vio que no muy lejos, en lo alto de una colina, había algo que se lanzaba hacia él volando a gran velocidad.

¡Era una enorme serpiente alada! La bestia tomó tierra levantando una gran polvareda y esparciendo un olor a latón sucio.

Esto fue lo último que recordó el joven antes de desfallecer y perder el sentido.


El grupo de rescate que partió en su búsqueda lo encontró inconsciente, y durante tres días permaneció en estado de shock, sin poder articular una palabra inteligible. El extraño suceso fue investigado por la policía, y alguno de los agentes dijo haber llegado a ver a esa enorme bestia voladora mientras desaparecía por una grieta de la montaña. Allí lanzaron un cartucho de dinamita. Después del estruendo los policías aseguraron haber sentido un gemido profundo, que fue seguido del silencio.

Este sorprendente relato no es una historia publicada en un periódico sensacionalista. Fue recogido a finales de los años ochenta del pasado siglo directamente de los testigos presenciales por Marjorie Courternay-Latimer, una reconocida naturalista recientemente fallecida. En los años treinta, Courternay-Latimer alcanzó la gloria académica al descubrir y clasificar por primera vez al celacanto, un pez que se creía extinguido desde la era de los dinosaurios, pero que fue encontrado nadando vivo y coleando en aguas del océano Índico. El celacanto fue identificado, pero ¿quedaba alguna otra criatura de la era de los dinosaurios en la región?

Por extraño que parezca, los indicios sobre la existencia actual de grandes reptiles voladores resultan cuando menos turbadores. Desde la zona costera de Namibia, el corazón del Congo, y también desde algunas apartadas islas de Nueva Guinea y el sur de Asia, llegan relatos sobre el avistamiento de unos animales con aspecto de reptil dotados de alas oscuras y coriáceas, como las de los murciélagos. Los testigos hablan de ausencia total de plumas, no son desde luego pájaros, y describen un largo pico dotado de varias hileras de pequeños y afilados dientes. ¿Se trata de supervivientes de los pterodáctilos, los grandes reptiles voladores de la Era Secundaria?

El ropen de Nueva Guinea

La redacción del diario The Nation, en Port Moresby, capital de Papúa-Nueva Guinea, es siempre un hervidero de actividad. Sin embargo, a principios del pasado mes de octubre dos visitantes llamaron especialmente la atención de los periodistas.

Se trataba de dos exploradores que seguían la pista del extraño reptil volador de las islas Siassi.

En compañía de su guía local, Jonathan Whitcomb explicó que había reunido numerosas informaciones de los nativos sobre la presencia de esa criatura, a la que ellos llaman ropen, que significa demonio volador, un ser desconocido para la ciencia. Whitcomb, un profesional en la realización de reportajes de cine, estaba decidido a conseguir su mayor logro: filmar al que podría ser el último pterosaurio vivo.

¿Cómo es ese misterioso ropen del que hablan los nativos? Su aspecto podría recordar al de un zorro con grandes alas negras similares a las de un murciélago gigante, pero dotado de un hocico como el de los cocodrilos, lleno de dientes. No es que sea muy grande, los dos metros de envergadura de sus alas dan una idea de su tamaño, aunque al parecer resulta peligroso, no sólo por sus agudos dientes, sino también por sus afiladas garras. Los nativos aseguran que es agresivo y que en ocasiones intenta robar los peces capturados por los pescadores. Otro rasgo destacado de su anatomía es su larga cola, con el extremo final en forma de diamante.


Ilustración de un ave prehistórica avistada en Chile en 1988.

¿Una criatura fantástica, fruto de la fértil imaginación de nativos melanesios? Es posible, pero cuando menos resulta sorprendente que personas con una formación muy básica, y que apenas conocen el mundo exterior, estuviesen describiendo con numerosos detalles a un tipo de reptil volador que vivió hace más de sesenta millones de años, el rhamphorhynchus. Un tipo de pterosaurio, con el característico largo pico con dientes, que poseía una larga cola con el final en forma de diamante, como el misterioso ropen.

Whitcomb explicó a los periodistas los testimonios que había recogido entre los nativos, algunos muy recientes, y su deseo de conseguir filmar a la bestia en su hábitat, en la isla de Umboi, la principal del archipiélago Siassi, y también en las de Rambunzo, Manus, Umboi y Good Enough. Las abundantes cuevas que hay en esas islas serían su refugio preferido.

Una de las características más curiosas que explicaron los nativos es que ese animal desprende un brillo fosforescente mientras vuela por la noche, en dirección a la costa, donde se alimenta de peces, o cuando busca algún cadáver que devorar. Sus gustos carroñeros le han llevado a convertirse en un peligroso invitado no deseado durante las ceremonias fúnebres que se celebran en las islas. Al olor de la carne en descomposición, no duda en lanzarse sobre el cuerpo del fallecido, causando un revuelo del que también han sido testigos algunos misioneros occidentales. Curiosamente, los hábitos alimenticios atribuidos al ropen concuerdan con los que la mayoría de los paleontólogos creen que tenían los pterosaurios.

Nuevas expediciones

La de Whitcomb no era la primera expedición que intentaba encontrar una respuesta a las extrañas historias relatadas por nativos y misioneros. Sólo tres años antes Brian Irwin había puesto en marcha otra expedición, y siete años atrás había sido un grupo de expertos de una universidad norteamericana quienes intentaron seguir la pista del ropen.

Unos años antes otro investigador, Carl Baugh, había hecho lo mismo en dos ocasiones. Y al parecer en una de ellas tuvo bastante suerte. Durante su segunda campaña, en 1987, pudo ver a través de un monóculo de visión nocturna a esa extraña criatura voladora, o al menos eso es lo que aseguró. A la mañana siguiente al encuentro, además, encontró una extraña huella en la arena que atribuyó al singular animal. En la actualidad Baugh prepara una nueva expedición a la zona que contará con la participación de William Gibbons, un explorador y escritor que ha perseguido posibles supervivientes de la era de los dinosaurios por medio mundo.

El repaso de los testimonios de las apariciones del ropen se completa con el avistamiento del que fue testigo en 1989 un pescador llamado Ralph, quien declaró que una tarde mientras estaba faenando en su bote se acercó una de estas criaturas, y que buceando le dio un golpe a su embarcación. Otro testimonio es el de un profesor de escuela de la isla Good Enough, quien manifestó haber visto a una de estas criaturas posada en un árbol durante una noche. Aseguró que pudo distinguir claramente la luminiscencia que desprendía.

Esta curiosa luminosidad de la que hablan los testigos podría ser debida a la presencia de algún tipo de bacterias bioluminiscentes, y es posible que sirviese para capturar peces.

El terror de los cielos de Namibia

En 1988 el doctor Roy P. Mackal, un bioquímico de la Universidad de Chicago apasionado por el estudio de los animales todavía desconocidos, inició una expedición en el continente africano. Siete años antes había realizado su último intento de encontrar un dinosaurio vivo en la República del Congo, un posible pequeño saurópodo de largo cuello conocido como mokele mbembe, pero ahora su objetivo no se encontraba en medio de las aguas pantanosas, sino en el cielo.

Fruto de su correspondencia con la mencionada doctora Marjorie Courternay-Latimer, sabía de la existencia de historias sobre extrañas serpientes voladoras gigantes en la costa de Namibia, y también de la ausencia, en apariencia inexplicable, de pequeños animales en la zona donde se decía que se podía ver la bestia.

En compañía de un escritor y realizador de documentales belga, Douchan Gersi, y de un cazador profesional, James Kosi, recorrió buena parte de las remotas regiones costeras de este país africano.

Los expedicionarios recogieron numerosos testimonios de los nativos sobre las apariciones de una extraña bestia voladora del tamaño de una avioneta Cessna, lo que supone en torno a los 9 metros de envergadura alar. Una criatura sin plumas y con unas alas negras y coriáceas. Cuando el equipo de investigadores mostró a los nativos diversos grabados de animales voladores, tanto actuales como extinguidos, ellos reconocieron en las ilustraciones de pterosaurios a su bestia desconocida.

Según los testigos, el animal planea durante la mayor parte del tiempo, pero también es capaz de realizar un auténtico vuelo batiendo sus alas.

El crepúsculo es el momento idóneo para observarlo, tiempo en que ha sido visto en varias ocasiones planeando entre las grietas de dos colinas que se encuentran a poco más de kilómetro y medio de distancia.

Las circunstancias meteorológicas no fueron favorables para los expedicionarios en esa ocasión, pero al término de la campaña quedaba reservada una sorpresa. El cazador James Kosi, que permaneció un tiempo más en la zona después de que el resto de los participantes retornase, tuvo la oportunidad de ver con sus propios ojos a una de esas gigantescas criaturas aladas.

Según explicó, la bestia volaba entre las grietas de dos montañas y se encontraba a apenas 300 metros del asombrado testigo, que dijo que parecía un gran planeador negro, pero con algunas manchas blancas. Según trascendió más tarde, Kosi aseguró haber filmado el vuelo de esa enigmática criatura y dijo haber conseguido unos huesos del cráneo de un ejemplar de ese animal, relativamente frescos, con incluso algunas tiras de carne. No eran restos fosilizados, sino de un animal que había estado vivo hasta hacía muy poco. Al parecer, este cazador intentó obtener una rentabilidad económica a su descubrimiento, que ofreció por un millón de dólares, pero por lo que se sabe no llegó a venderlo, y su paradero actual, de ser cierta toda esta historia, es un misterio.

Video tomado en el Malagan Beach Resort, Papua, Nueva Guinea:









Fuente: http://mcedhou1.housings.nexica.net/MAS_ALLA/html/sendfriend.asp?IDArt=1

1 comentarios:

aaaaaantes cuando tenia ente 4 y 8 años pasaban en discovery channel "mundo prehistorico" en un capitulo lograron recrear un pterodactilo artificial de tamaño real y logro volar no se cuanto tiempo por que fue sobre el final, digo, los de los videos pudieron ser maquetas como la que digo, es mas, solo era madera liviana y papel mache y lo hicieron volar como a una pandorga/cometa/papalote.......extraño ese programa TT_TT

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