La razón por la que desde aquí, desde la Tierra, siempre vemos la misma cara de la Luna es que nuestro satélite tarda exactamente el mismo tiempo en dar una vuelta sobre sí mismo que en efectuar una rotación alrededor de nuestro planeta. Por eso, la “cara oculta” de la Luna no pudo ser vista hasta que, en 1959, fue fotografiada por primera vez por la sonda soviética Luna 3. Y ningún ser humano pudo contemplarla directamente hasta que los astronautas de la NASA la circunvalaran por primera vez a bordo del Apolo 8 en 1968.