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sábado, 28 de agosto de 2010

Personajes: Phineas Gage, le hombre atravesado por una barra

El 13 de setiembre de 1848, un terrible accidente ocurrió en las obras del ferrocarril en las afueras de Cavendish, Vermont. Tras una explosión accidental, una barra de hierro salió disparada y atravesó el cráneo de uno de los trabajadores. Todo se temían lo peor, pero no fue así, es más, a los pocos minutos el joven trabajador había recuperado la consciencia y el habla. Aparentemente, todo un milagro, sólo el tiempo permitiría comprobar las “sorprendentes” secuelas.


Phineas Gage trabajaba en la construcción del Ferrocarril Rutland & Burlington. Phineas y su cuadrilla se encargaban de abrir un paso en un tramo rocoso del trayecto del futuro ferrocarril mediante el uso de explosivos. Como cualquier otro día, era Phineas quién decidía donde perforar los agujeros en la roca, y cuanta pólvora poner en cada uno de ellos. Primero colocaba la pólvora, el detonador y, finalmente, la arena. Después compactaba la mezcla con una barra de metal.




Sin embargo, ese 13 de setiembre Phineas se distrajo y olvidó colocar la arena antes de introducir la barra. Sin la tierra, la barra chocó con la piedra y causó una chispa que hizo que la pólvora explotara. Eran las 4.30 de la tarde, cuando la barra de metal salió disparada y atravesó la cabeza del joven capataz, sólo tenía 25 años. La barra, de un metro de largo y más de tres centímetros de diámetro, entró por su mejilla izquierda y salió por la parte superior del cráneo. Fue tal la potencia con la que salió despedida la barra, que aún pesando 6 kilos, acabó “aterrizando” a unos 30 metros de distancia.

Todos se temieron lo peor, pero Phineas no murió. Aunque es muy probable que permaneciera inconsciente por un período corto de tiempo, a los pocos minutos caminaba sin problema ni necesidad de ayuda, y tomó cómodamente asiento en un carro de bueyes en el que sus compañeros lo llevaron a la ciudad más próxima para recibir atención médica.

Aunque no fue el primero en llegar, el Doctor John Martin Harlow se hizo cargo del caso. En su primer reconocimiento, Harlow, pese a ser un hombre acostumbrado a la cirugía militar, describe la estampa como “tremenda”, la cama en la que Phineas estaba estirado y el propio Phineas estaban empapados en sangre a causa de la profunda hemorragia. Sin embargo, Harlow afirmó que el paciente soportaba sus dolores con una firmeza heroica, además, parecía totalmente consciente.

La actuación de Harlow salvó la vida de Phineas. Harlow consiguió detener la hemorragia y se las arregló para que la infección no se extendiera.

Pero a pesar de los cuidados que le proporcionó a Gage, la recuperación de este fue larga y difícil. Una infección posterior casi le deja semi-comatoso.

El Doctor Harlow describe progreso de la recuperación de Gage: El 7 de octubre volvió a caminar. El 20, describía su comportamiento como “muy infantil”, aunque con las “pasiones animales de un hombre fuerte”. Después del accidente raramente hablaba a no ser que alguien le preguntara, y solía responder con monosílabos. A mediados de noviembre, Gage empezó a sentirse mucho mejor y decía no sentir dolor en su cabeza. Al mismo tiempo, Gage empezó a mostrar un deseo muy fuerte de volver con su familia y empezó a resultar “difícil de controlar por su amigos”. Harlow estaba convencido de que si se le podía controlar, Gage podría recuperarse.

Aparte de la pérdida de visión en su ojo izquierdo y una ligera desfiguración y parálisis en su cara, la recuperación física de Gage en abril del 1849 parece ser completa. Sin embargo, Gage fue incapaz de recuperar su puesto de encargado. Según Harlow, Gage había cambiado. Antes del accidente era una persona trabajadora, responsable, estimada y valorada, tanto por sus subordinados como por sus jefes, que lo consideraban “el capataz más eficiente y capaz”. Pero esos mismos jefes, después de su accidente “consideraron su cambio de carácter tan marcado que no le volvieron a dar su puesto”.

En 1868, 20 años después del accidente, Harlow describiría con más detalle los cambios psicológicos experimentados por Gage y que, según él, le habían impedido, entre otras cosas, recuperar su antiguo empleo de capataz. Según Harlow “el equilibro entre sus facultades intelectuales y sus instintos animales, parecía haber sido destruido”. Gage se volvió inconstante, irreverente, blasfemo e impaciente. A veces era obstinado cuando le llevaban la contraria y solía mostrarse caprichoso. No paraba de idear planes futuros que “abandonaba al poco de idearlos”.

La madre de Gage dijo a Harlow que Gage solía entretener a sus sobrinos y sobrinas con multitud de historias fantásticas sobre sus aventuras, aventuras todas ellas imaginadas.

Gage desarrolló un afecto especial hacia los animales y los niños, sólo superado por su apego a “su” barra de hierro, a la que se refería como “mi hierro” y que se convirtió en su compañera inseparable durante el resto de su vida.

Por último, Harlow insiste en que Gage era muy bueno a la hora de “encontrar siempre algo que no le convenía”. Todo esto a pesar de que antes del accidente, volvía a remarcar, era una persona responsable y equilibrada.

Tan radical fue su cambio que sus amigos y conocidos le llamaban “no longer Gage” (ya no es/dejo de ser, Gage). Phineas ya no era la misma persona y era mucho más agresivo. Se dice que después del accidente fue incapaz de mantener un trabajo por mucho tiempo, ya que los abandonaba o le acababan echando por sus continuas riñas con sus compañeros.

Ante la imposibilidad de volver a su antiguo trabajo, Gage, su herida y su barra de hierro se convirtieron en una atracción en el Museo Americano de P. T. Barnum en Nueva York, con el que iría de gira por las ciudades más importantes de Nueva Inglaterra. Más tarde, Gage encontraría trabajo en una cuadra de caballos en New Hampshire, para más tarde marchar a Valparaíso, en Chile, y convertirse en conductor de diligencias.

Durante su estancia en Chile, su salud empezó a recaer y en 1859 decidió volver a San Francisco con su familia. Gage necesitó varios meses para recuperarse del largo viaje de vuelta, que unido a la enfermedad lo había dejado extremadamente débil. Una vez recuperado, Gage trabajó en una granja en Santa Clara. Pero tan sólo unos meses después, en febrero de 1860, empezó a tener la primera de una serie de violentas convulsiones, “incuestionablemente epilépticas”. Los ataques fueron gradualmente creciendo en intensidad y el 18 de mayo Gage decidió volver a casa de su madre, donde sufriría otras cuantas series.

El día 21 de mayo de 1860, los ataques pudieron con él y Gage murió.

El Doctor Harlow no se enteraría de su muerte hasta 1866. Fue entonces cuando empezó a cartearse con su familia. A petición suya, el cuerpo de Gage fue exhumado para coger su calavera y “su” hierro (no está del todo claro si fue enterrado con él o no). Después de estudiar cuidadosamente tanto la calavera de Gage como la barra de hierro, Harlow las depositó en el Museo Warren de la Facultad de medicina de la Universidad de Harvard, donde hoy aún permanecen.

Contra todo pronóstico, Gage había sobrevivido durante 11 años y medio, pero ¿cómo había podido sobrevivir a la herida y sobrevivir todo este tiempo? Harlow aducía cuatro factores: Una capacidad de resistencia y una voluntad difícilmente igualables. La forma de la barra de hierro, que no produjo una conmoción cerebral duradera.

La abertura creada por la entrada de la barra de hierro que permitió drenar la infección. Y por último, según Harlow, que la parte del cerebro que atravesó la barra era la más adecuada para soportar una herida así.

Con los conocimientos actuales, es cierto que una herida en el cerebro es muy a menudo fatal, también es cierto que la barra al tener una forma puntiaguda podría haber reducido los daños. Además, parece ser que todos los vasos sanguíneos importantes se salvaron. Sin embargo, la cantidad de tejido del cerebro destruida debió de ser considerable, no sólo por el trauma inicial, sino por la infección posterior.

Según los últimos estudios, parece ser que los daños se limitaron al lóbulo frontal izquierdo del cerebro, aunque otros expertos han barajado la posibilidad que afectara a ambos. Tampoco están claros para todos los efectos que tuvo la herida en el carácter de Phineas, ya que el informe más detallado de estos cambios realizado por Harlow es 20 años posterior al incidente. Además, es muy probable que lo basara en testimonios indirectos, como por ejemplo el de la madre de Phineas, o peor aún, testimonios recogidos por esta.

La incertidumbre sobres las fuentes de Harlow en las que basa los cambios de carácter que describió, combinado con el hecho de que esperara esos 20 años entre su primer informe y el segundo, constituyen uno de los enigmas del caso. En cualquier caso, todos los investigadores modernos admiten que Gage sufrió algún tipo de cambio en su carácter, aunque lejos de los cambios que describen algunos autores que dan versiones infundadas y contradictorias.

Hay muchas malinterpretaciones y manipulaciones sobre la historia, muchas de ellas interesadas con el propósito de reforzar teorías particulares. Según Malcolm Macmillan, un investigador moderno, profesor de la Universidad de Melbourne, que ha estudiado el caso y que es muy crítico con el tratamiento que se ha hecho de él, una de las mayores malinterpretaciones sería el hecho de que Gage fue incapaz de mantener un trabajo mucho tiempo, y que sirve de base para la imagen popular de Phineas Gage como una rareza de circo que vagó sin rumbo ni dirección y sin capacidad ni interés por trabajar.

Es cierto que Harlow afirmó que a Gage le fue difícil mantener un empleo, pero según Macmillan, sólo se refería al período final de su vida, el de los ataques epilépticos. Según este investigador, tampoco estarían fundadas las versiones que lo describen como un alcohólico o un fanfarrón. En cualquier caso, la estancia de Gage en el museo de Barnum o en circos similares no habría pasado del año.


Recientemente, ha salido a la luz nueva información sobre la estancia y el comportamiento de Gage en Chile. Considerando su posible rutina como conductor de diligencias: encargarse de los caballos, trato con los pasajeros, venta de pasajes, conducción,… Es posible que el Gage “mal adaptado” descrito por Harlow se limitara a sólo unos años después del accidente. Después de esos primeros años, Phineas habría ido ganando funcionalidad y habilidades sociales. Según el propio Macmillan, de ser cierto, esto indicaría que la rehabilitación y la recuperación son posibles, incluso en los casos más difíciles y largos.

En el siglo XIX, en plena controversia sobre si era cierto que las funciones mentales estaban localizadas en zonas específicas del cerebro, ambos bandos de la discusión citaron el caso de Gage en su favor, adaptando conveniente la historia a sus teorías. Los partidarios de la frenología también utilizaron a Gage argumentando que sus cambios de carácter provenían de la destrucción de su “órgano de la veneración” y/o del adyacente “órgano de la benevolencia”.

Según Macmillan, tiene que ser recordado por el primer caso del que se tiene constancia en el que un daño cerebral causó una alteración en la personalidad. También merece la pena no olvidar su historia porque es una muestra inmejorable de cómo convertir unos pocos hechos contrastados en un mito popular y, lo que es peor aún, en un mito científico.

 
 
 
Fuente: http://www.cabovolo.com/2009/06/el-hombre-que-dejo-de-ser-phineas-gage.html

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