En el empeño de enviar a un ser humano al espacio andaban tanto Rusia como Estados Unidos, aunque ninguno de los dos gobiernos estaba dispuesto a asumir la responsabilidad de mandar a varios seres humanos, posiblemente, a una muerte segura; antes debían conocer perfectamente cuáles eran los riesgos y las probabilidades de supervivencia en el espacio.
Para conseguir esa información, los científicos rusos decidieron mandar un animal al espacio: se trataba de la perrita Laika.


